#Cuento El domo

El domo (Ciencia Ficción) 

Autoras: Brenda S. y Delfina P.



Puedes acceder a la versión interactiva desde este enlace: El Domo (interactivo)



“Distrito 45, ya son las 8 p.m, fin del día laboral. Tienen 30 minutos para dirigirse hacia el Centro Rubi y registrar su trabajo. Un Unu asignado los llevará a su hogar. Buenas noches, la humanidad está con ustedes.”


Así terminaban los días en el Distrito. Siempre el mismo anuncio, a la misma hora y la misma voz; Judyan. La mujer todopoderosa, amable, el ser más humano, pero sobre todas sus buenas virtudes, era la gobernadora del 45.

Las luces de la ciudad se apagaban solas al conocer la luz de la luna. A partir de ahí, no se escuchaba ningún pájaro más. Ellos se dirigían al Centro a cargar su batería y así, estar listos para volar al día siguiente. Los únicos que se mantenían estables y despiertos, eran los turchak. Grandes e intimidantes robots que rodeaban todo el perímetro del distrito, deberían proteger y cuidar a los ciudadanos del exterior desértico. Ellos debían entender que donde vivían, estaban a salvo y todo era perfecto.


  • Mencía, ya estoy con mi Unu yendo a casa. ¿Qué hay para cenar?
  • ¡Por fin Ander! Cuando llegues, nos fijaremos juntos.


Cada vez era más fácil vivir. Tomar de decisiones pasaba a ser trabajo de una computadora. En la pantalla del horno te mostrarán las opciones disponibles, con tan solo apretar un botón podrás disfrutar de tu maravillosa comida. 


El taxi automático dejó a Ander en la puerta de su casa y lo saludo con un:


  • Jiju, ¡hasta mañana! 
  • ¡Jiju! - responde Ander.


Al llegar, apoya su huella dactilar sobre la manija de la puerta de entrada, y la casa procede a retirarle los zapatos, higienizar y colgar sus cosas donde corresponde.


Mencía se encontraba en la barra de la cocina, husmeando su computadora. Mientras, las extremidades del horno preparaban la mesa y servían la comida.


  • ¿Qué desea tomar señor? le pregunta la voz de la heladera a Ander.
  • Agua, que raro que no lo sepas todavía asistente n°23.
  • Llámame Siri, ya hablamos de esto.


Ander suelta una pequeña risa y luego saluda a su trabajadora esposa.


  • Estoy con mucho trabajo, come solo hoy. - dice Mencia con una cara de preocupación.
  • ¿Ha pasado algo? ¿Hay algo que deba saber? Judyan te está explotando.
  • No Ander, esto lo descubrí sola. No la involucres en esto.


Ander inclina su cabeza hacia el proyector que flotaba por el living de la casa. Rápidamente, una extremidad le coloca sus anteojos. No podía entender lo que estaba viendo.


  • Son las cámaras. ¿Ves esa luz al otro lado del muro?
  • ¿A qué quieres llegar con esto?
  • No sé. Para colmo Judyan no me contesta.


Por supuesto, Judyan estaba cargando su batería fuera del Centro Rubi. El ser más humano se había quedado sin pila.


Esa luz que golpeaba una y otra vez sobre el domo, no dejaba a Mencía tranquila. 


  • Bueno, vayamos a cenar y mañana le preguntas a los Turchak, si?
  • Tienes razón, el hambre me está atormentando.


Mencía había comido hace 5 minutos, y el hambre era lo último que la podía atormentar. En cambio esas lucecitas, la volvían loca.


“Son las 11 p.m y ya es hora de ir a descansar. Dirijanse al baño a asearse y luego sus hoverboards los llevaran a la cama. Buenas noches, la humanidad está con ustedes.”


Ander apenas se acuesta en su cómoda cama con sábanas de satin, automáticamente se queda dormido. En cambio Mencía, no puede pegar un ojo.


Pasa una hora, y otra, y otra. Se hacen las 3.45 a.m y la curiosa decide salir disparada hacia el Centro. No podía quedarse con ganas de saber la verdad. 


Se preparó lo más rápido que pudo, lo que en realidad le tomó muchísimo tiempo. Está acostumbrada a que alguien haga las cosas por ella, pero este no era el caso. La observaban. La vigilaban. Debería ser más sigilosa que el viento del aire acondicionado, el cual era así para no molestar a sus ciudadanos perfeccionistas.


  • Unu, llévame al Centro Rubi - le dice Mencia susurrando.
  • Jiju Mencía. ¡Cómo no!


Llega desesperada y opta por agarrar una hoverboard para dirigirse al extremo del muro, donde vio esa luz titilar. Correr no era una opción. Llamar la atención no era la intención de Mencía. 


  • Así que eso era lo que tanto titilaba - dijo anonadada.


No había forma de poner en palabras lo visto, necesitaba hacer algo urgente al respecto. 


“Buenos días mi querido distrito 45. Son las 8 a.m y es hora de comenzar el día, Recuerden que trabajar es la prioridad, pero vivir es el propósito. Un Unu pasará a buscarlos para realizar sus tareas matutinas. Nos vemos nuevamente en un par de horas con las noticias del día. Nunca lo olviden, la humanidad está con ustedes.”


No había pasado ni una hora, y Mencía ya se encontraba al lado de su querida gobernadora como todas las mañanas. Su mano derecha siempre debía estar en tiempo y forma, pero hoy más que nunca. Hoy era por ella y por esa luz detrás del muro. Hoy la vida en el distrito estaba por cambiar drásticamente. Mencía lo esperaba, lo esperaba con ansias. 


  • Mencia querida, necesito la memoria de las cámaras de anoche. Estuvo todo en orden?
  • Justo quería comentarle algo sobre eso.
  • No me asustes.
  • Ya es la quinta vez que aparece la alerta de expiración de las cámaras. Cada día funciona peor, no puedo ver con claridad. 


Judyan detestaba 


  • Tu sabes que necesito el código para controlar que el domo no se abra. Es nuestra mayor prioridad, la humanidad del distrito.
  • Si, Mencia, pero tu sabes lo peligroso que podría llegar a ser…


Un silencio más callado que el de la noche después de las 8 p.m ambienta la situación. Pero Mencia no iba a parar hasta conseguir ese código. Por eso procedió diciendo: 


  • Los Turchak han sido actualizados hace dos días. Se hizo un registro de cada uno de ellos, y duplicaron su tamaño, sus baterías son mucho más duraderas y los cripto nerds agregaron la opción de cámaras en sus ojos.


Mencia sabía lo que hacía.


  • Piénsalo. Solo se abrirá por 5 segundos y los Turchak están más que listos. Fueron creados para estas situaciones, no pasa nada jefa, confíe en mí.

 

Judyan accede, sabiendo que Mencía es su mano derecha y todo lo que propone a su forma de gobernar, era para el bien común.


“Atención, estos NO son los anuncios del mediodía. Estamos en vivo y en directo del otro lado del muro.”


La gente confundida sale a las calles a ver en las pantallas que se encontraban sobre todo el distrito. Se trataba de Mencía, quien había hackeado el sistema para poder transmitir desde lo que grababa su mano, en vez de la aburrida programación del mediodía.


“Ella es la verdadera Judyan. La de carne y hueso. La real gobernadora de este distrito, nuestro distrito. Ella fue quien fundó esta ciudad, y con los avances tecnológicos de los últimos años el gobierno decidió echarla, a un lugar desértico, con poco y nada.”


Así es, la supuesta todopoderosa, amable, el ser más humano no lo era en realidad. Se creía que una ciudad tan avanzada no podría ser manejada por una Judyan que no haya sido creada por una computadora. Dicen que la tecnología supera la mente humana pero no hay que olvidar que la mente humana creó la tecnología.


“Cambiemos juntos este distrito pintado como perfecto. Volvamos a Judyan, volvamos a la vida!”


Aquí comienza una vida nueva en el distrito donde la humanidad si estará con ellos.




FIN


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